miércoles, 4 de abril de 2012


No puedo mirar al camino que me queda por recorrer, si a cada paso que doy recuerdo los tropezones que he tenido. No puedo levantar la mirada si me preocupa el firme. No puedo ver luz cuando la oscuridad me rodea.

Mi espalda se apolla en una pared mullida, acolchada. Mis brazos luchan por liberarse, mientras, cada vez que lo hago, más prisión encuentran. Mis piernas sin fuerza intentar erguirse y caigo, caigo constantemente al suelo, cada vez haciéndome más daño.

Cuatro paredes, un pequeño ventanuco y una puerta. Sólo eso.

La luz que entra me ciega con esa albicidad inmensa. Apenas puedo abrir los ojos, y la verdad, es que tampoco tengo fuerzas para abrirlos.

Mi mente divaga, sufre, piensa en el dolor. ¿Por qué? Si yo no hice nada...

El espacio es grande, y aún así mi alma está ahogada. No sé que hacer. No me quedan fuerzas ni para llorar. Sólamente lucho por olvidar, por resistir.

Me dejaste el alma deshecha, rota, herida, y yo no supe levantar, volví a caer, haciéndome todavía más daño.

No sé qué deparará el futuro. No quiero saberlo. A pesar de todo quiero ser feliz, a tu lado.
¿Por qué?

Perdón. Qué bonita palabra. Quiero aprender su significado, y perdonar, y olvidar y resistir, pero no puedo yo sola.

Despierto empapada en sudor. Abro los ojos y la luz del sol me ciega. ¿ Es sólo una pesadilla? Sí, por favor...

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